lunes, 9 de junio de 2014

Miento que no te escribo

Tengo el vacío lleno de cartas que nunca escribiré.

A diario te cuento las palabras que te hubiera dicho y no voy a decirte. El cuento chino que me gustaría fuera japonés por evocador. La comedia de enredo que no supe desmadejar por trágica. El dramón venezolano que transcurre entre Buenos Aires y Madrid. El presente de subjuntivo que acabó mal y hoy es nuestro paradójico pretérito perfecto.

Te hablo en un idioma que no entiendes, citando libros que no leíste, personajes que desconoces. Y si te digo que anduve buscando a Horacio y encontré a Maga, que vos sos Maga viviendo dentro del mundo sin esfuerzo, mientras yo me alejo por comprenderlo demasiado, no entiendes nada. Y si te explico que protagonizo La Dama de las Camelias escrita por Nabokov el día que soñó que era Shakespeare imitando a Homero, vos sonreís inocente y puro.

Te amo porque no puedes entenderme ni lo pretendes. Porque yo no puedo aceptar que tengas la suerte de un horizonte donde el Sol se pone y amanece, sin importar dónde quede el Este. Vives en una playa imposible, más cierta que cualquier apartamento de 45 metros cuadrados y cocina americana. Eres el Principito tomando mate, que viajó para dejarnos en evidencia y que nos avergonzáramos de este mundo matemáticamente ilógico. El único que no ve la mentira y se permite ser cierto.

Perdóname porque, sin quererlo, te mostré parte de la verdad y te hizo daño. Y entiende que devolverte a donde perteneces pasaba por mentirte "no te quiero".