Ustedes no han leído el primer día de mi diario, no han podido entender la primera frase, lo siento, pero mi conferencia, que no es conferencia, que no es nada, no va dirigida a ustedes, es del todo circunstancial que hoy estén aquí, que yo venga a hablarles, que haya tenido que romper mi silencio literario para estar aquí, circunstancial. Siento también que no hayan entendido a Vila-Matas como yo lo entendí, que sigan intentando escribir, siendo la renuncia mucho más ventajosa; creo, también, que no leyeron con atención a Borges, pues la cosa más benéfica que provoca encontrarse con Borges, ya lo dijo Monterroso, es dejar de escribir.
Soy hoy un hombre vestido de blanco, la luz es naranja, mi amigo Fabio, el hombre más negro del mundo, está sentado en la primera fila al modo de Tongoy, el hombre más feo del mundo. Ayer Fabio me ayudaba a componer esta conferencia, y me aconsejaba reconstruir las técnicas de estilo de Vila-Matas para así poder hablar de ellas, deconstruirlas.
Vila-Matas escribe sobre la no escritura, toda su literatura gira en torno a la angustia que le produce la posibilidad de dejar de escribir, de convertirse en mero copista de citas; y aún si Vila-Matas estuviera en México, sería una posibilidad agradable, pues nada tiene de malo ir de Rulfo o Monterroso por la vida, copistas en México, puros "Bartlebys".
Igual que nada de malo tiene ir de Duchamp por la vida.
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